sábado, enero 28, 2006

SUCEDE EN LAS MEJORES FAMILIAS

Soy ornitofóbico desde que tengo uso de razón, y no encuentro ninguna explicación racional para ello. Si por ejemplo estoy en el salón de casa y veo que una paloma se ha posado en la barandilla del balcón me produce cierto desasosiego, no monto un número porque me encuentro semi-protegido por los cristales, aunque cualquiera que haya visto la peli de tipi hedren sabe que si a un bicho de estos le da por atacarte, un fino vidrio no te va a proteger de nada. Desde que existe Internet sé que este “problema” no es nada original, de tan común que es, ni siquiera podríamos denominarlo como excentricidad. Aunque habiendo escuchado las vivencias de mis cyber-amigas, creo que yo lo llevo bastante bien.

Casi nunca he conocido gente con miedos irracionales, solo un par de niñas a las que les deban miedo los perros, y porque de pequeñas les mordieron o algo así, por lo que no podremos catalogarlo de “infundado”. Pero un día apareció en mi vida M, una chica que estudió conmigo bachillerato y con la que me empecé a relacionar porque salía y más tarde se llegó a casar con el que fue mi mejor amigo en aquella época. A ella lo que le daba un asco que te cagas eran las cosas PEQUEÑAS, como lo oís. Por ejemplo, jamás llevaba anillos o pendientes porque le repugnaba tocarlos, y qué gracioso resultaba cuando en las cafeterías le pedía al camarero cucharas soperas para disolver el azúcar, o el hecho de que jamás abría una nevera que no fuera la de su casa, por miedo a por dentro estuviese llena de petitte-suisse, ya que una vez le pasó y tuvo pesadillas durante tres meses. La situación más txanante que yo viví con ella se produjo un día de reyes, cuando se negó a comer su trozo de roscón, hasta asegurarse de que ya había salido la “sorpresa”. Fue realmente divertido. Muchos os preguntareís cómo se puede casar alguien con una persona así de pirada. Pues bueno, dejando aparte que está muy buena, que es supersimpática, y que te proporciona un repertorio de anécdotas sin fin, aparte de todo esto, nunca nadie tiene dudas del tamaño del pene de su esposo.


2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Jo despues de leer esto me quedo mucho más tranquila,comparado con lo de tu amiga, lo mio no puede calificarse ni de manias, yo diría más bien pequeños rituales sin importancia.
A! y lo de regalarte un canario entonces descartado claro!.
V.B

11:30 a. m.  
Blogger Pablo Gamo said...

Me parece cuanto menos temerario ese "sin importancia", recuerda que te he visto tomar un colacao en un bar, amiga V.B. y nunca descartes regalar una gallina es lo más!

11:40 a. m.  

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