DIFAMAR NO ES TRABAJAR
Cuando hace ya más de un año creé este blog, realmente lo único que pretendía era “no ser menos”, como las pijas de la canción de la costa brava cuando aprenden sevillanas con esmero. Yo solo había seguido un diario en Internet hasta entonces, y no tenía mucha perspectiva de la forma que quería darle al mío, pero hay una sola cosa que tenía clara, no iba a hablar de mi vida sexual ni de tareas domésticas, ya que en el que yo había leído jamás lo hacían. Con el tiempo me di cuenta de que había otra cosa que me daba taco de pereza, hacer listas de cosas que me gustaban. Alguna vez caí en la tentación y me arrepentí ipso-facto. Soy muy mayor para eso, realmente lo soy. Haciendo recapitulación de mis mejores momentos, o sea, aquellas entradas de las que hoy todavía no me arrepiento de haber publicado, llego a la conclusión de que lo que más he disfrutado ha sido haciéndome el listo o espiando y despellejando posteriormente a desconocidos. No estoy seguro de continuar en esta línea, sobre todo, porque la noche de fin de año tuve una revelación. A mí lo que se me da de puta madre es difamar…
Aquella velada, cuando echamos de menos a uno de los habituales y rabiosos por tener él otros planes que no nos incluían, nos vengamos poniéndole a caldo. Una amiga que parece que va puesta, pero que realmente es así al natural, nos comentó que nunca se llegó a tirar a nuestro amigo ausente, porque a pesar de que le ponía su pinta de intelectual, el otro siempre la miraba como si fuese una simple que no tiene ni idea de nada, por lo que ella en venganza siempre le miraba como la típica tía buena que estaba muy por encima de sus posibilidades. Como ya estábamos calentitos y con dos copitas de anisete de más, otro colega y yo nos inventamos una leyenda urbana sobre su persona que coló a la perfección. Les contamos que todas las mañanas nada más levantarse hacía 15 minutos de gimnasia sueca, y que después, cuando se duchaba, el último aclarado lo hacía con un chorro de agua fría. Todo el mundo se lo tragó a pies juntillas y nadie salió en su defensa. Pienso que si algún día llega a sus oídos y nos lo echa en cara, le diría algo parecido a lo que el que se inventó el rumor de que Cayetana Guillén Cuervo se acostaba con Aznar le diría a la actriz y presentadora en cuestión… “nena, te tiraste a Garci, te tiraste a Garci…”
Aquella velada, cuando echamos de menos a uno de los habituales y rabiosos por tener él otros planes que no nos incluían, nos vengamos poniéndole a caldo. Una amiga que parece que va puesta, pero que realmente es así al natural, nos comentó que nunca se llegó a tirar a nuestro amigo ausente, porque a pesar de que le ponía su pinta de intelectual, el otro siempre la miraba como si fuese una simple que no tiene ni idea de nada, por lo que ella en venganza siempre le miraba como la típica tía buena que estaba muy por encima de sus posibilidades. Como ya estábamos calentitos y con dos copitas de anisete de más, otro colega y yo nos inventamos una leyenda urbana sobre su persona que coló a la perfección. Les contamos que todas las mañanas nada más levantarse hacía 15 minutos de gimnasia sueca, y que después, cuando se duchaba, el último aclarado lo hacía con un chorro de agua fría. Todo el mundo se lo tragó a pies juntillas y nadie salió en su defensa. Pienso que si algún día llega a sus oídos y nos lo echa en cara, le diría algo parecido a lo que el que se inventó el rumor de que Cayetana Guillén Cuervo se acostaba con Aznar le diría a la actriz y presentadora en cuestión… “nena, te tiraste a Garci, te tiraste a Garci…”

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