miércoles, octubre 12, 2005

GRANDES ESPERANZAS

Yo debí haber estudiado psicología o parapsicología, porque me he dado cuenta de que tengo taco de olfato pa calar los traumas de la gente. El otro día charlaba yo con un tio super-clasista, bueno no lo suficiente, de lo contrario no me hubiese dado bola, pero es que las personas con prejuicios nos solemos llevar muy bien entre nosotros. Al principio me molaba todo lo que me contaba, pero en el momento que cogió confianza empezó a lamentarse de su vida sentimental, fracasos pasados y negra perspectiva de futuro. Eso ya me jodió un poco y le dije tendría que replantearse su forma de ser y que si iba preguntando a la gente la cantidad de dinero que ganaba o la profesión de sus padres cuando intentaba ligar, y a personas independientes de más de 30 años, pues que es normal que la gente le mire raro, porque lo que veían en ese momento era su cabeza cual caja registradora y las pupilas de tus ojos con el simbolito del dólar. En ese momento se comenzó a derrumbar y me confesó que el padre de su anterior relación era un “paleta” (guau!) y que se enteró por casualidad pero que su ex no sabía que él tenía ese dato (guau!). Le pasé la mano por el hombro y le hice ver su error, me parecía guay que fuese el típico estirado, y que dijese cosas taco de punkis, pero cuando observé la tristeza de su mirada porque su objetivo en la vida es vivir con alguien que le quiera y que le deje recostar su cabeza en el regazo durante la hora de la siesta de un domingo cualquiera, tuve entonces que explicarle la diferencia entre lo “esencial” y lo “superficial”. En ese momento, y ya con lágrimas en los ojos me contó que de pequeño sus padres estaban arruinados y que no tenían dinero ni para comprarle un plumier y que tenía que utilizar una caja de puros reciclada y que todos los demás compañeros tenían estuches de cremallera con gomitas que sujetaban los lápices de colores uno al lado del otro (guau, guau, guau!!!). Lo que realmente me dio pena del pavo, no era el rollo infancia de Dickens, sino la poca personalidad que tenía. Yo ahí comencé a explicarle que lo de la caja de cigarros de madera solo me parecía lo peor si eras una hippie y lo hacías por rollo ecológico o artesanía. Y entonces le conté yo otra historia, de cuando yo iba al colegio y usaba los bolis de propaganda de la empresa de mi padre y los folios con membrete, y cómo cuando le comenté a mi madre que había algunos niños que les hacía gracia y se metían conmigo por ello, ella me dijo que lo que les jodía a estos era tenerlos que comprar y que me tenían envidia porque a mí me salían de gratis (olvidó intencionadamente darme el detalle de que no eran gratuitos, y que mi padre y todos sus compañeros los afanaban siempre que podían). Los días siguientes, cuando la señorita alzaba la voz para ver si alguno de nosotros le podía prestar unas hojas a un compañero al que se le habían acabado, yo me levantaba de mi silla todo sobrao y le preguntaba “¿Cúantos necesitas chaval? No te cortes!!”

domingo, octubre 09, 2005

QUE HAY QUE SABER BEBER.

Yo hay cosas que nunca he hecho por borracho que estuviese, como tirarme un pedo en una reunión. Y eso fue exactamente lo que ocurrió anoche, cuando un hedor insoportable se apoderó de la sala de estar. Mientras la gente hacía acopio de las pocas fuerzas que les quedaban para lanzarse a abrir cuanto antes las puertas de los balcones. El autor de tan imperdonable fechoría no tuvo ni siquiera que confesar su hazaña, ya que el exagerado rubor de su cara iluminó la habitación como el foco cenital de un escenario, delatando su acción. Agachó la cabeza, y aunque no pidió perdón, se sintió como la Sue-Ellen de la panda. El resto de comensales apenas pudo reaccionar, y yo, víctima de mi ira por haber tenido que inhalar los gases que no supo contener le increpé:

" Si sigues bebiendo así, un día te van a encontrar flotando boca abajo en una piscina con sujetador y sin bragas."

La gente se despolló de la risa en el acto. No sé como esa imagen surgió de mi mente, pero me ha dado miedo. Mucho miedo.